Saqué la foto de mi abuela para la ofrenda y me tardé una hora en soltarla

El domingo saqué del clóset la caja donde guardo las fotos. Buscaba una sola, la de mi abuela para la ofrenda, una donde sale riéndose con su delantal de flores. La encontré rápido, pero me tardé una hora en soltarla. Me senté en el suelo, entre papeles y listones, y me puse a mirar una por una las demás fotos como si no las hubiera visto en años.

Yo pensé que ya lo tenía más o menos acomodado. Ya pasó tiempo, ya lloré, ya seguí con mi vida. Pero tener su foto en las manos me aguadó los ojos de nuevo. Y ahí entendí algo que te quiero compartir tal cual lo sentí: en estas fechas el duelo no retrocede, se sienta a la mesa contigo.

En estos días la ausencia se nota más

En México vivimos el Día de Muertos entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre. El 31 se levantan los altares, el 1 de noviembre se recuerda a los niños y el 2 a los adultos, con cempasúchil, papel picado, veladoras, copal, comida y fotografías. En la Ciudad de México además se junta mucha gente: este año la Mega Procesión de Catrinas está anunciada para el 25 de octubre del Ángel al Zócalo, el Gran Desfile para el sábado 31 de octubre de Chapultepec al Zócalo, y la Feria de las Calacas en el Cenart el 31 y el 1.

Con tanto movimiento afuera, adentro se revuelve algo. Ves las fotos en cada esquina, escuchas las canciones que cantaba tu persona, hueles el pan y el copal. Es normal que vuelva la tristeza, que duermas cortado o que andes más sensible. Las revistas que estudian estos rituales lo describen de forma sencilla: las fechas conmemorativas activan la ausencia y los rituales ayudan a ponerle marco, con acciones concretas como colocar objetos, encender velas y nombrar a quien murió.

Si te está pasando, no pienses que vas para atrás. El duelo por temporadas duele distinto: no es el golpe del principio, es la punzada de extrañar en medio de la fiesta. A mí me sirve pensarlo así para no pelearme conmigo misma.

Poner la ofrenda también te ordena por dentro

Lo que más me ayudó esa tarde en el suelo fue convertir el revoltijo en ritual. Doblé fotos, limpié el marco con la manga, elegí qué pan le iba a poner y le escribí en un papelito: te extraño en las mañanas. Un estudio de psicología y salud sobre ofrendas con personas mayores encontró que elaborar la ofrenda favorecía la expresión, los cambios personales y familiares y el fortalecimiento del grupo. Dicho en palabras de todos los días: hacer algo con las manos ayuda a que el dolor no se quede solo en la cabeza.

Ese día también me detuve un rato a mirar arte para aflojar el nudo. Me quedé viendo la obra reciente de Emilia Entebi, esos torsos y retratos y juegos de color, y pensé en cómo la pintura contemporánea mexicana a veces dice lo que nosotros no sabemos decir del cuerpo y de la ausencia. No es que una imagen arregle nada, es que te presta un lugar donde recargar la mirada cuando la foto familiar pesa demasiado.

Y me pasó algo curioso guardando todo. Me importaba que las fotos no se doblaran, que las cartas no se humedecieran, que el papel picado llegara entero al altar. Desde un sobre de papel hasta el trabajo de un fabricante de empaque en México que se dedica a conservar lo delicado, guardar bien es otra forma de cuidar. En la ofrenda pasa igual: conservar la foto, el dulce, el pan favorito, es decirle a esa persona sigues teniendo tu lugar.

Cuando extrañar te quita el sueño o te pone ansiosa

Hay noches de esta temporada en que cuesta dormir. Te acuestas y repasas lo que no dijiste, lo que te hubiera gustado preguntar, la última conversación. Si te sirve, deja una lamparita baja, evita las noticias antes de acostarte y escribe en un cuaderno lo que te ronda. Para esos desvelos por vueltas en la cabeza, en la tienda hablamos de las gotas para el insomnio como un acompañamiento de rutina nocturna, no como un remedio para forzar el sueño.

Otros días lo que aparece es más bien una inquietud en el pecho, ganas de llorar en el súper o irritabilidad por todo. Las flores de Bach para la ansiedad forman parte de lo que comparto para esos estados de nerviosismo y preocupación que se mezclan con la tristeza de la fecha. Las flores de Bach en general no quitan lo que sientes ni sustituyen atención profesional: acompañan estados emocionales mientras atraviesas el momento.

Y si notas que en el día andas dispersa, se te olvidan las cosas del altar o no te concentras en el trabajo, es muy común en duelo. A mí me pasa que quiero hacer todo y no termino nada. Para esos ratos hablo en casa de las gotas para la concentración como un apoyo para volver a lo simple: una cosa a la vez, una vela, una foto, una lista corta.

Un ritual chiquito para estos días

No necesitas hacer una gran ofrenda para sentirte mejor. Te propongo algo chiquito, de veinte minutos, que a mí me asentó:

  • Elige una sola foto y límpiala con calma. Mírala y nómbrala en voz alta.
  • Ponle algo suyo cerca: su taza, su paliacate, su receta escrita a mano.
  • Enciende una veladora y dile en voz baja qué extrañas y qué agradeces.
  • Escríbele tres líneas en un papel. Guárdalo o ponlo en el altar.
  • Cierra con algo para tu cuerpo: té caliente, cobija, respiración lenta.

Si nunca has usado este tipo de apoyos y tienes curiosidad por cómo se toman y qué esperar, en la tienda reuní las esencias florales de inicio para explorarlas poco a poco. Y si el duelo toca temas familiares más amplios, como lugares, lealtades o ausencias que se repiten, muchas personas buscan espacios como las constelaciones familiares para mirarlo acompañadas por un profesional.

Te lo digo como lo siento yo: extrañar no es estar mal, es seguir queriendo. Pon su foto, préndeles su luz, llórales un ratito si sale, y luego abrígate tú también. Si la tristeza te desborda, no te deja funcionar o se junta con ansiedad muy fuerte, busca apoyo psicológico o médico. Mereces atravesar estas fechas sostenida, no sola.

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